Homenaje a Calvo Sotelo
¡Era joven cuando murió! Apenas 43 años. Era joven y no tuvo quien le acompañara y le abrazara o dijera adiós en su último suspiro en su tierra amada. Joven y quedó tirado en el suelo con la cabeza acribillada. Era joven cuando, a las dos y media de la madrugada de aquel fatídico 13 de julio de 1936, la guardia de asalto, -la Policia de la República- irrumpió en su casa. Cuando aquel Teniente de la Guardia Civil le ordenó ir detenido.
Era aun joven cuando su madre le decía, presintiendo la tragedia: “¡No te vayas, Pepe, por favor, no te vayas!”. Aun tuvo tiempo de besar la carne cálida de los suyos (“¿Dónde vas Papá?”)
Lo dejaron tirado. Arrojado en una acera, en el interior del cementerio.
Los asesinos marcharon diciendo: “El que diga algo de todo esto se suicida. Lo mataremos como a este perro”.
Eran los dos y media de un 13 de julio de 1936. Y yo recordaba, con la suya, otra muerte, muchas muertes. Sin Juicio alguno. En el odio que se desató en aquella desdichada España que caminó al desastre.
José Calvo Sotelo no tuvo un poeta que cantara desgarradamente su vida. No tuvo quien dijera o pronunciara versos como estos:
A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
….
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
Sí. Era Federico Garcia Lorca. El Poeta asesinado.
¿Quién escribió versos a la muerte de Jose Calvo Sotelo? ¿Quién puso ese sentir de eternidad a uno de los mejores hombres de España? ¿Hemos de ser nosotros hoy?
Quizá por eso estemos hoy aquí todos nosotros. No movidos por el rencor. No nos espera, tras la finalización de este valiente acto, organizado por España y Libertad, ninguna subvención o privilegio.
Estamos aquí para evocar e invocar a uno de los mejores hombres y políticos de aquella España de entonces.
Jose Calvo Sotelo forma parte, junto con la generación del 98, con Jose Antonio Primo de Rivera y toda aquella Generación de Plata, de un pensamiento olvidado premeditadamente. Obviado por todo lo que no es la izquierda en España.
Nadie le cita, nadie le recuerda. Nadie quiere saber nada de cómo comprometió su vida, hasta llevarle a la muerte misma, con una idea de España. De cómo su verbo se enfrentó a un Frente cada vez más agresivo, mas torvo, más totalitario. Él no se arredro. Nunca. Hasta que tuvo que escuchar aquella frase fatídica: “Este hombre ha hablado por última vez”.
¿Por qué temían a Calvo Sotelo? ¿De dónde les vino su inquina?
Él no se plegó. No cedió. Él llamaba a esa movilización de las clases medias “ya que en sus manos esta el patrimonio inmaculado y voluminoso- de la civilización contemporanea.
Él decía que todo lo que incrementara el bienestar social y la riqueza nacional, aunque fuese radicalísimo, le parecería magnifico. Que no se movería para convalidar ningún privilegio económico, sino para evitar el hundimiento de las raíces espirituales de nuestra civilización
Él, como hoy muchos de nosotros, ya pedía para España otra Constitución, pues la revisión no bastaba ya. Que el texto se había muerto ya, porque los propios poderes del Estado habían incumplido sus preceptos.
Calvo Sotelo representó una figura que hoy se hace dolorosa por su ausencia en el Congreso de los Diputados: la figura de la contestación a la izquierda en todos los planos. No sólo en el económico.
Ha sido recientemente el Profesor de la UNED, Pedro González Cuevas, el que nos hablaba de esa orfandad de la derecha española. De una derecha que reniega hasta de su espacio, de su nombre y que no se reconoce en sus predecesores: Maeztu, Cánovas del Castillo, García Morente, Costa.
Calvo Sotelo no fue de esos. El no se avergonzó de lo que era, de ser español, de defender la Unidad de España, de defender a Dios y una idea de la Monarquía donde la persona que lo encarnase, importaba menos que el símbolo en sí mismo encerraba en cuanto autoridad de un Estado que había de servir a la Justicia y a la Dignidad.
Pero hoy estamos aquí también por otra cuestión. Nos hemos congregado para recordar a un Hombre de España al que la mal llamada “Ley de Memoria Histórica” de 7 Julio de 2006 firmada por Zapatero y sancionada por el Jefe del Estado Juan Carlos I de Borbón y Borbón, ha olvidado.
Siempre he dicho que el destino de esa Ley no sería otro que su derogación. Y no para resucitar o colocar una de aquellas Españas frente a la otra.
Los momentos que España está atravesando requieren, exigen, la presencia de hombres y mujeres con sentido de Estado. Esos que piensen mucho más allá de su propia generación.
Yo, hoy os convoco a decir conmigo las siguientes palabras. Unas palabras que, sobre uno de los protagonistas, de los mártires de aquella España y en este Monumento han de resonar sobre toda la Nación:
“ […] Nuestros padres crearon en este continente una nación nueva, concebida en la libertad y consagrada al principio de que todos los hombres nacen iguales. Ahora estamos inmersos en una guerra civil para decidir si esta nación o cualquier otra concebida de tal manera y consagrada a tal principio, puede durar mucho tiempo. Estamos reunidos en uno de los grandes campos de batalla de esta guerra. Hemos venido a consagrar un rincón de este campo de batalla como el último lugar de reposo de aquellos que han dado su vida a fin de que la nación pudiese vivir: nuestro deber y las conveniencias nos lo mandaban. Pero nos es imposible consagrar o santificar plenamente el terreno que tenemos aquí. Los valientes, vivos o muertos, que han luchado en él, lo han consagrado tan perfectamente que nuestros débiles medios son impotentes para añadir nada a su obra. El mundo no recogerá apenas ni recordará mucho tiempo lo que nosotros decimos aquí; pero no podrá olvidar lo que estos hombres aquí hicieron. Corresponde a nosotros, los vivientes, consagrarnos a la obra inacabada que los que noblemente han combatido en este sitio llevaron tan lejos. Corresponde a nosotros consagrarnos a la gran tarea que nos queda por cumplir. Que el ejemplo de estos gloriosos muertos redoble nuestra abnegación a la causa por la cual ellos han realizado el supremo sacrificio. Juramos aquí que estos muertos no han perecido en vano, a fin de que este país, con la ayuda de Dios, renazca a la libertad, y que el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, no desaparezca de este mundo. […]”
Yo he dicho estas palabras hoy con vosotros de quien fue un gran Presidente en su Nación: Abraham Lincoln. Que sepamos, sobre aquellas palabras que Antonio Goicoechea, Lider de Renovación Española en el entierro de Calvo Sotelo, decir que no hemos venido a ofrecer que rogaremos a Dios por el alma de Calvo Sotelo, sino a pedirle a él que ruegue por todos nosotros. Ante estas banderas, de rojo y oro. Os convoco, -invocándole a él- a imitar su ejemplo, a consagrar nuestra vida a esa hermosa empresa que siempre será España.
Sobre esta hermosa y sagrada tierra, os pido que alcéis la voz conmigo y gritéis ¡VIVA ESPAÑA!