Carlos Martínez-Cava

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Léeme los labios: es la soberanía

La política debe ser el ejercicio de actos soberanos. La actividad que, con la debida separación de poderes, organice los resortes del Estado y los conduzca al Bien Común.

La reciente intervención de la Unión Europea sobre la deuda española, las admoniciones de Merkel y hasta de Barak Obama al Presidente del Gobierno español, han puesto de manifiesto la desnudez y debilidad de nuestras instituciones.

A ello ha ido parejas las confesiones de impotencia del vicepresidente tercero, Manuel Chaves de no poder dominar el descontrol financiero de las 17 autonomías en que la constitución del 78 parceló España.

Nos encontramos, al final de este camino, con una nación corroída por dentro, incapaz de dominar la maraña legislativa de sus comunidades, impotente frente al deficit que las devora (donde el capítulo no menor de sus ruinosas y adoctrinadoras televisiones autonómicas no es un detalle), y débil frente a la rapacería separatista que impone la desigualdad y el chantaje para el mínimo gobierno.

Sólo faltaba la titulación exterior conseguida ahora. Ya somos una colonia tutelada. Ya nuestro Gobierno no tendrá que tomar decisiones porque le vendrán impuestas. Nos arriesgamos a ser expulsados de la moneda única y quedar a merced de los expertos en hundir mercados con beneficio rápido e indoloro.

No parece que nadie señale el origen, causa y solución. No parece que intelectual del Derecho Político y Constitucional (salvo los honrosos casos de Ramón Peralta, Jesus Neira o algún trabajo de Sosa Wagner) alerten sobre lo más esencial: ¡ES LA SOBERANÍA!

Nuestro Estado ha desaparecido. Reconstruyámoslo.